Capítulo 102. Fuego en la piel.
El deseo acumulado por la tensión de los últimos días estalló en un segundo. Héctor bajó las manos por su espalda, buscando el cierre del vestido ligero con movimientos rápidos y precisos.
La prenda cayó al suelo de madera en un susurro, dejando a Leonella en una lencería de encaje que a él le hizo contener el aliento. Sus ojos recorrieron cada centímetro de su piel con una adoración ruda.
Leonella no se quedó atrás. Con dedos ágiles, le arrancó la camisa de lino a Héctor, empujándola por los