Se sentía como si su cuerpo se hubiera desarmado en pedazos, y con cada movimiento, cada acción, era como si esos pedazos se tambalearan, queriéndose caer. A las 8 en punto, ya estaba sacando la basura de los cestos, y las lágrimas se le caían sin control. Creía que estaba sola y que podía desahogar todo su dolor sin que nadie la viera. Pero entonces, de pronto, sintió un movimiento detrás de ella, y al voltearse, ahí estaba parado él.
Otra noche más de cavilaciones para Owen que no podía despr