Solo tuvo que dar unos pasos alejándose del edificio para encontrar el mismo coche negro estacionado en la esquina.
Owen no pudo quedarse tranquilo, no podía dejar que regresara sola; así que fue al estacionamiento y esperó dentro del coche a que se hiciera la hora en que su turno terminaba.
Cuando se acercó lo suficiente, el bajó.
—Te llevaré —le dijo llanamente.
Iba a negarse, pero aún le quedaban rastros de esa emoción de seguridad pegados. Asintió, y él le abrió la puerta.
¿Qué lo impulsaba