39. Sin miedo a nada.
La miraba de soslayo encantado de pasear a su lado, sujetando su mano con delicadeza y en silencio.
— ¿Aceptaría mi bella novia que la invite, mínimamente, a un helado? —insistí, adivinando cual podría ser su respuesta.
—Sí, está bien —¡genial! sonreí triunfante —, pero sigo sin entender qué celebramos.
— ¿Me lo dices en serio? —dije haciéndome el afectado parando mis pasos, ella me miró con una pregunta en la mirada —. Mira que estas semanas han pasado rápido, pero olvidar que hoy hace