Capítulo 2
—Piensa lo que quieras —respondió Evelyn sin intención de discutir. Se levantó y se retiró.

Daniel se quedó inmóvil un momento. Esperaba que ella, al menos, regañara a Noah. En serio se había pasado con lo que dijo.

Evelyn iba a mitad de la escalera cuando, de pronto, Zoe la siguió.

—Hace tanto que no pasamos tiempo juntas. Deja que te acompañe —dijo Zoe con dulzura.

En cuanto se acercó, su sonrisa se transformó en una mueca y bajó la voz hasta convertirla en un susurro agresivo.

—¡En serio das lástima, Evelyn! Trajiste ese diagnóstico a propósito, ¿verdad? ¿Creíste que me podías quitar a Daniel y a Noah? ¡Sigue soñando! ¡No voy a dejar que eso pase!

Al segundo siguiente, Zoe tomó a Evelyn de la mano y levantó la voz.

—¡No! ¡Perdóname! ¡Es mi culpa!

Un instante después, Zoe se lanzó hacia atrás, arrastrando a Evelyn con ella.

Las dos rodaron por las escaleras. La cabeza de Evelyn golpeó con fuerza contra uno de los escalones antes de que su cuerpo llegara al suelo. Le retumbaba el cráneo; todo le daba vueltas y escuchaba un zumbido constante. Antes de que pudiera entender qué había pasado, escuchó los gritos desesperados de Daniel y Noah.

—¡Zoe!

—¡Tía Zoe!

Zoe se encogió en el suelo, llorando.

—¡Nunca quise quitarte a Daniel ni a Noah! ¡Solo sienten pena por mí y quieren cuidarme el tiempo que me queda! ¿Por qué me empujaste por las escaleras?

—¿Estás loca? ¡Zoe está enferma! —rugió Daniel.

Noah vio la sangre en la frente de Zoe y miró a Evelyn con odio.

—¡No quiero que una asesina sea mi mamá! ¡Te odio! ¡Te odio!

Ninguno de los dos notó siquiera la sangre que escurría por la cara de Evelyn, donde empezaba su cabello.

Daniel corrió a cargar a Zoe, totalmente concentrado en ella. Antes de irse, pareció recordar algo.

—Quédate aquí y cuida a tu mamá.

—¡No quiero! —Noah dio un salto hacia atrás, como si le hubieran pedido que tocara algo asqueroso—. ¡Lastimó a la tía Zoe! ¡Si se muere, se lo merece! ¡La tía Zoe es la única que importa!

Daniel y Noah no lo pensaron más. Salieron de prisa con Zoe y desaparecieron.

Con la mirada fija en la puerta vacía, Evelyn vio cómo todo se oscurecía y se aclaraba por intervalos, hasta que perdió el conocimiento.

Cuando volvió a abrir los ojos, seguía en el suelo. Habían pasado seis horas. La mancha de sangre en la madera junto a ella ya se había secado y era de un color café oscuro.

Ni Daniel ni Noah habían regresado.

Evelyn se rio con amargura. Así que esos eran su buen esposo y su hijo. La abandonaron sin pensarlo para correr al lado de Zoe y su drama, sin siquiera molestarse en ver si seguía viva.

Evelyn hizo un esfuerzo por levantarse; se sentía rígida y se movía con lentitud. Mientras subía las escaleras, se fijó en el calendario de la pared. Tomó una pluma y marcó con un círculo la fecha de dentro de quince días.

Solo quince días más y por fin podría irse. Dejaría a Daniel y a Noah para siempre.

***

Cuando Daniel y Noah por fin regresaron, habían pasado tres días más. Se habían quedado en el hospital con Zoe, sin despegarse de su cama por una herida superficial, como si fuera de cristal.

Mientras tanto, a nadie le importó que Evelyn se hubiera golpeado la cabeza en las escaleras.

Lo primero que hizo Noah al entrar a casa fue acercarse a Evelyn para reclamarle:

—¿Por qué no fuiste a ver a la tía Zoe? Casi se muere por tu culpa. Deberías pedirle perdón.

Al ver la actitud de tirano de Noah, Evelyn estuvo a punto de reírse.

—¿Ella se lastimó y yo no? —preguntó.

Noah titubeó, como si apenas se le hubiera ocurrido que Evelyn también se había caído. Sin embargo, su duda duró solo un par de segundos. Luego, levantó el mentón, con rebeldía e indignación.

—¡Eso es tu culpa! Si no le tuvieras tanta envidia a la tía Zoe, nada de esto habría pasado.

Evelyn sabía que él diría algo así, pero las palabras le dolieron como una puñalada. Le sostuvo la mirada en silencio.

Noah empezó a moverse con nerviosismo y se escondió detrás de Daniel, perdiendo de pronto su seguridad.

Daniel arrugó la frente.

—¿Por qué te desquitas con un niño? —Se acercó e intentó tocar a Evelyn—. Déjame ver. ¿Es grave?

Evelyn giró la cara, rechazando su contacto. No necesitaba su falsa preocupación.

La mano de Daniel se quedó en el aire. Se quedó inmóvil, confundido por su actitud. El rechazo le provocó incomodidad y mostró molestia al hablar.

—Zoe es tu hermana. Tiene cáncer. Puede que no le queden ni dos meses. ¿Por qué tienes que pelear con ella por todo? ¿En serio crees que alguien que está por morir puede quitarte algo? ¡Deja de ser tan egoísta!

¿Egoísta?

Evelyn casi se rio.

Estaban equivocados. Todos estaban mal.

Ella era la que tenía cáncer. Era la que se estaba muriendo.
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP