Daniel fue primero al hospital. La cirugía de Noah había salido bien, pero todavía no despertaba.
—Puede que Noah no quiera despertar por ahora —dijo la enfermera.
Daniel le tomó la mano a Noah y puso el oso de peluche quemado junto a su almohada.
—Todo es mi culpa.
Lo había guiado por el mal camino. Los había arruinado a los dos, tanto a Noah como a Evelyn.
—Te voy a traer a tu mamá. Si es que ella quiere verte —susurró.
Luego se levantó y se dirigió a la delegación. Antes de entrar, le sudaba