—¿No vieron a una mujer por aquí? —preguntó Daniel.
—No. Solo a los dos sospechosos —respondió el oficial. Se giró y le gritó a un compañero—: ¿Viste a alguna mujer cerca de ellos durante el arresto?
—No —dijo el otro oficial con firmeza, pero luego hizo una pausa—. Ahora que lo pienso, sí vi a una mujer hace rato. Iba bajando el cerro. No sé si sea a la que busca. Se veía como de unos veinte años y era bastante delgada.
—¡Sí, es ella! —Daniel por fin suspiró aliviado.
Entonces, Evelyn ya había bajado del cerro.
Quizá los secuestradores no quisieron más problemas y la dejaron ir sin hacer ruido. De cualquier forma, Evelyn estaba a salvo. La preocupación de Daniel disminuyó.
—Ya nos vamos —dijo él.
—¿Y mi mamá? —preguntó Noah con nerviosismo.
Daniel le revolvió el cabello.
—Hoy es nuestra boda. Seguro se fue a casa para arreglarse. La vamos a esperar en el salón.
Noah asintió y empezó a correr adelante, entusiasmado otra vez. Un segundo después, su pie se hundió en la tierra y se fue d