Dos años después…
—¡No puede ser, maldita sea!
Aquel día se había convertido en un completo desastre. Además de tener que trabajar medio día organizando la cena de aniversario de la empresa, ahora debía hacer malabares para llegar a casa, cambiarme de ropa e ir corriendo a la universidad para recibir mi título.
Porque sí, después de mucho esfuerzo y noches sin dormir, al fin me había titulado como Ingeniera en Administración de Empresas.
Entré a casa como un torbellino, pateando la puerta con l