—¿Dónde iremos? —le pregunté mientras me abrochaba el cinturón de seguridad.
—Ya lo verás —respondió, sin apartar la vista del camino—. Es una sorpresa.
Lo miré con una mueca infantil, esperando que mi cara de súplica lo hiciera ceder. Pero nada.
Ni un gesto.
—Está bien... de todos modos, Carla ya me dijo —mentí, alzando un poco la barbilla—. Y te advierto desde ya que si vamos al cine, quiero ver una película de acción.
Intenté sonar casual, despreocupada, pero él se giró brevemente hacia mí