Eran las cinco de la madrugada y, sinceramente, estaba bastante ebria.
Mi rostro ardía, me sentía mareada, no podía moverme con facilidad, los ojos me pesaban y el sueño comenzaba a vencerme.
—¿Quién es él? ¡Quiero que me lo digaaas ahora! —Kat señaló a un chico que estaba de espaldas a nosotras. Desde mi posición, se veía bastante guapo.
—¡No tengo idea! Pero sí, se ve muy guapo… —murmuré.
—¿Por qué no vas a saludarlo? —me propuso Kat con complicidad.
En ese momento, me pareció la mejor idea