Capítulo 58
Sebastián suspiró resignado.

—Me duele mucho... —Luciana no podía levantarse del dolor. El recipiente de comida rodó hasta detenerse contra la pared.

Sebastián se acercó y la sujetó del brazo para levantarla como si fuera una pluma.

—¡Ay, ay, ay! —se quejó ella. Parecía que se había torcido el tobillo y no podía apoyar el pie.

—No puedo mantenerme en pie... —dijo con expresión afligida.

Sebastián la tomó en brazos de improviso. El movimiento fue tan repentino que Luciana, sin pensarlo, se aferró
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Alda Arjona Pootmuy buena novela
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