—Alejandro, te amo —susurró Vanessa, recostándose suave sobre el pecho de Alejandro, tocándolo con ganas y respirando su olor.
Ahora sentía que él solo era suyo.
—Solo yo, ¿me oyes? Solo yo merezco ser tu esposa —le dijo, con los ojos llenos de obsesión.
—Tu prometida y tu ex no sirven para ti, ninguna te quiere de verdad, solo yo te amo con todo mi ser.
Frotó su cara contra el pecho de Alejandro.
—Ojalá el tiempo se quedara así, solo tú y yo abrazados, sin nadie que nos moleste.
Pero Alejandro