La persona que llegó fue el profesor Diego.
Esto realmente tomó por sorpresa a Luciana.
—¿Me buscaba por algo? —preguntó Luciana con cortesía.
Sebastián, en cambio, parecía molesto.
Probablemente ya se imaginaba que aquella visita repentina era por algo complicado.
—En efecto, hay un asunto en el que necesito tu ayuda —respondió el profesor Diego, con una sonrisa amable.
—¿Podemos hablar afuera?
—¿Qué le parece si vamos a la cafetería de abajo? —sugirió Luciana.
El profesor Diego dudó un instan