Cuando llegó a la orilla, Daniela apresuró a Luciana para que se marchara cuanto antes.
Parece que la otra embarcación también estaba acercándose al muelle.
Si Luciana se quedaba un poco más, seguro terminaría cruzándose con Alejandro.
Daniela sentía que ese día estaba siendo el colmo de la mala suerte:
Primero apareció Sebastián como invitado no deseado, y luego Alejandro, ese mal agüero andante.
—¿Luciana, de casualidad no revisaron el calendario el día que naciste?
—preguntó con amargura.
—S