Al cruzar miradas con Luciana, Alejandro sintió un golpe a su orgullo.
—¿Qué clase de mirada es esa? —exclamó, lleno de furia.
—¿Como tienes a otro, te sientes capaz de despreciarme?
De repente, le apretó el mentón con fuerza.
—¿Olvidaste cómo me amabas? ¿Cómo te entregabas a mí? ¿Y ahora me vienes con esa actitud?
Luciana cerró el puño y, de golpe, le quitó la mano.
Su golpe fue directo al brazo herido de Alejandro.
Aunque ya le habían quitado el yeso, su brazo seguía envuelto en vendas.
Se lo