Los ojos de Luciana brillaron.
—Entonces no voy —dijo de inmediato.
Para ella, el trabajo era lo primero. Todo lo demás quedaba en segundo plano.
Sebastián apretó los labios, tratando de esconder su sonrisa.
Luciana ni se dio cuenta. Estaba ocupada escribiéndole a Olivia Estrada:
“Perdón, Olivia, me acaba de salir un caso y no voy a poder ir.”
Olivia respondió con un emoji confundido:
“¿?”
Luego:
“Está bien.”
Ser abogada era así: sin horarios, sin certezas.
Olivia lo entendía.
“Entonces voy con