Catalina abrió la puerta del auto y bajó de inmediato, la cabeza en alto, llena de ímpetu.
Cualquiera pensaría que iba a una pelea familiar.
Luciana también bajó.
Mariano comentó:
—Ojalá tu mamá no arme un escándalo hoy.
Luciana sonrió:
—¿Después de media vida con ella, todavía tienes fe?
—Ay, tu mamá no es mala, pero...
—¡Ya llegaron! —gritó contenta Mireia, la vecina.
Mariano sonrió y respondió: —Aquí.
—¡Y esta debe ser tu hija! Ay, cada vez más guapa, ¡parece de una novela!
Mariano le devolvi