Resultó que Sebastián era el dueño del lugar.
—¿Entonces si vengo en el futuro será gratis? —bromeó Luciana.
—Sí, gratis. Siempre estará abierto para ti. Puedes venir cuando quieras —respondió Sebastián.
—Gracias —dijo Luciana.
Montar a caballo le había dejado una sensación de libertad y descanso que le encantó.
Como abogada, solía estar bajo mucha presión.
Definitivamente era una manera excelente de desconectarse.
Cuando el auto entró a la ciudad, Sebastián se detuvo de golpe junto a la acera.