—¡Fuiste tú. ¡Tú me tendiste la trampa! ¡También eres tú el que está detrás de la caída de los Soto, ¿verdad?! ¡Alejandro, voy a matarte! —gritó Andrés, apretándole el cuello.
Alejandro, con el brazo enyesado, no podía defenderse.
Pero Andrés todavía tenía el cuerpo afectado por la droga. Su fuerza era limitada.
Ricardo y Joaquín quedaron impactados.
El ataque fue inesperado.
Pero reaccionaron rápido, y cada uno lo agarró por un brazo, obligándolo a soltar a Alejandro y derribándolo.
—¿Estás bie