Andrés tenía una venda enrollada en la cabeza, la barba crecida y la ropa completamente arrugada. Iba de un lado a otro con el teléfono en la mano, alterado y agitado.
—Esos proyectos son lo único que sostiene la empresa. Metimos todo ahí. Si no se terminan, perdemos la inversión, y si se rompe la cadena de pagos, nos vamos a la quiebra. Averigua quién está detrás. Yo buscaré ayuda entre mis conocidos para ver si puedo arreglar algo.
Terminó la llamada y, al levantar la vista, se encontró con Lu