David volvió a la casa como un fantasma.
Se anestesió con alcohol; Betty no se atrevió a acercarse.
Quería preguntarle por mamá: intuía que algo terrible había pasado.
No se atrevía a imaginarlo; aún no le había contado que ganó el primer lugar en el concurso de danza.
Contuvo las lágrimas y observó a su padre beber copa tras copa.
David alzó la botella y, al no encontrar ni una gota, la agitó borracho, vacía.
De pronto sonó el teléfono.
Trastabilló al contestar.
—Soy la abogada apoderada de Jaz