Abrí los ojos sintiendo su brazo aún rodeando mi cintura, su respiración lenta chocando contra la curva de mi cuello. Era temprano, pero ya no podía dormir más. Tenía la cabeza hecha un caos, el pecho aún enredado con todo lo que había pasado la noche anterior. Sus palabras… sus caricias… sus malditas contradicciones.
Me removí un poco y él gruñó, sin abrir los ojos, como si su cuerpo se negara a soltarme.
Me giré despacio, lo miré, y aún con su cara desordenada por el sueño… me costaba odia