El nerviosismo de Kassidy era tan evidente, que tuvo que aceptar con bochorno ante el señor Montes que no estaba nada preparada para ese encuentro. Todo su grupo se encontraba a la expectativa y, por si fuera poco, también veían con curiosidad su extraño comportamiento. Incluso aceptó rauda la propuesta de Carlos de que sería mejor verlo después que el resto, en privado.
Aceptó entrar a una oficina contigua de vidrios tintados, donde preparaban parte de las bebidas como recibimiento para peque