Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de descubrir a su novio en la peor de las traiciones, Kassidy decide marcharse y empezar de nuevo. Pero justo antes de tomar su vuelo, una llamada lo cambia todo: Kilian, su mejor amigo de la infancia —a quien no ve desde hace años— la necesita. Urgente. Una mujer ha sufrido un accidente. Hay un bebé en riesgo. Y Kilian no confía en nadie más. Ahora, entre hospitales, secretos y recuerdos que aún duelen, Kassidy y Kilian tendrán que enfrentarse a lo que fueron, a lo que no se atrevieron a decir… y a lo que aún sienten. Negaron lo que sentían. Se alejaron. Pero esa verdad que compartieron siempre estuvo allí… y sigue viva: siempre será así.
Leer másKassidy es una exitosa analista de inversiones. Una mujer que ha luchado desde muy pequeña por lo que quiere después de perder a sus padres y quedar en manos de una tía lejana. Por accidente o por culpa del destino, llegó a la casa de los abuelos de Kilian Fox, el que con el tiempo creyó que era el amor de su vida, pero jamás tuvo el valor de confesarlo. Después de muchos malentendidos, decidió alejarse de él y eligió iniciar una relación con Roger. De este último, descubre un secreto que nunca imaginó y por ello, ahora corre peligro.
Kilian lleva el negocio que le heredó su difunto abuelo y ha logrado expandirse de forma vertiginosa. Su vida profesional se mantiene en auge y a la vista de todos por la constante compañía femenina de la cual goza. En apariencia siguió su camino, pero los más cercanos saben que jamás la olvidó.
Un accidente y una sorpresa inesperada provocan su reencuentro, empujando a ambos a admitir lo evidente. Sin embargo, las elecciones que han hecho en todos estos años tendrán sus consecuencias.
No importa el tiempo o la distancia si renace la esperanza de estar con ese alguien que remueve todos tus cimientos, cuando estar siempre en la vida del otro fue una promesa, ¿los dejarán mantenerla?
La brisa sacudió su largo cabello castaño y su fuerza cubrió su rostro mientras trataba de concentrarse en la lectura, lo que no la interrumpía tanto como las intervenciones de Mary o Candace. En algún momento hasta llegó a creer que ambas se turnaban para hacerla perder el sentido del párrafo, aunque tampoco ayudaban las risas contagiosas o los gritos que provenían de unos metros más allá.—¡Mamá!, ¡Tío Carlos destruyó el castillo! —Calma, Dylan, pídele que no lo haga. Dile «por favor» y dejará de hacerlo. ¿No es cierto, tío? —dijo ella por enésima vez en tono cansado. Su amigo se comportaba como un chiquillo más, aunque de nada le servía llamarle la atención, porque minutos después sabía que lo haría de nuevo. Escuchó su risa, acompañada de la burla de los niños y tuvo que cubrirse con el libro para que no la viesen riendo también.—¡Mamá!, ¡Dylan haló mi cabello! —¡No es cierto! ¡No fui yo, fue tío Carlos! —Violet, sabes que no está bien decir mentiras. Discúlpate con tu herman
KassidyFueron dos semanas maravillosas donde desde el alba hasta el anochecer sonrió casi todo el tiempo. Cada uno de esos días acompañado de una sorpresa nueva y un detalle más romántico que el anterior por parte de Kilian. Había sido como un sueño, como ese cuento de hadas caribeñas a la orilla del mar con su príncipe azul personalizado, vestido a veces con guayaberas y otras veces bronceándose frente a ella para su deleite personal.Tampoco se le hizo tan complicado a Kassidy el relacionarse con Dylan como supuso en un principio, pues el pequeñín la había conquistado con su sonrisa inocente y la emoción que mostraba cada vez que se le acercaba. Fue todo un desafío aprender a cambiarle los pañales, pero de acuerdo a los expertos Kilian y Candace, lo había logrado con una nota algo decente. Sin embargo, al poco tiempo Kassidy se percató de que Candace no sabía disimular su molestia cuando Dylan emitía fuertes gorjeos y se agitaba más que con ella y aunque eso los hacía reír a todo
Kassidy Kassidy no tenía idea de qué hora era, pero no importaba, somnolienta como estaba, acudió a la puerta por los golpes incesantes en ella y se dio cuenta hasta después de levantarse que Kilian no estaba a su lado en la cama.No sabía qué pensar, pero no tuvo mucho tiempo para analizar la situación, puesto que del otro lado era él quien tocaba.—No me di cuenta de que... —Al ver hacia abajo, a lo que colgaba de su brazo se quedó sin palabras y casi por instinto colocó sus manos por instinto como si el bebé se pudiera dar cuenta que ella iba solo con una camiseta blanca de Kilian encima.—Lo siento, no quiso dormir con Candace —dijo elevando la silla de bebé para auto sin necesidad.Ella se dio la vuelta, mordiéndose la lengua para no preguntar si pretendía quedarse allí con los dos, porque era evidente e innecesario, pero lo confirmó cuando se fue hasta la cocineta para tomar un poco de agua y lo observó desde allí, concentrado en preparar un espacio cómodo para el bebé. —Creo
KassidyLa zozobra la estaba aniquilando poco a poco y el segundero estruendoso del reloj de la sala no ayudaba en lo absoluto con sus nervios. Ya tenían varias horas de retraso, pero tampoco podía posponer esa reunión, así que no tuvo opción; estaba atrapada y no podría encontrarse con ellos hasta mucho después de lo planeado. La puerta se abrió y una chica de la recepción del complejo le entregó una nota para informarle que acababan de recibir a las personas que esperaba. No supo en qué momento derramó el contenido de su vaso sobre los documentos que tenía frente a ella y aunque hizo todo lo posible por rescatarlos, fue en vano. El señor Montes la observó entretenido, aunque la retrasó diez minutos más con preguntas absurdas antes de dar por terminada la reunión con la condición de retomarla el lunes. Kassidy sabía que había sido a propósito, pero ni se le ocurrió quejarse, porque lo conocía lo suficiente como para saber que extendería la demora un poco más, solo por el placer de





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