Kilian condujo por un par de calles más y llegaron al estacionamiento del lujoso edificio de apartamentos. Cuando eran adolescentes, hablaban de lo mucho que les gustaba el edificio y que al convertirse en profesionales los tres serían vecinos. Un silbido suave y una sonrisa de reconocimiento lo hicieron sentir satisfecho de sus logros, pero a la vez, se dio cuenta de cuánto tiempo habían perdido comportándose como unos niños.
—¿Cuál es el tuyo? —preguntó Kassidy sacándolo de sus pensamientos