Afuera, el sol brillaba en todo su esplendor y el cielo lucía despejado, un día perfecto que no estaba en sintonía con ella, con el luto que llevaba por su pérdida. La gente iba y venía por el estacionamiento del hospital y más lejos, los automóviles continuaban moviéndose de un extremo al otro de la ciudad.
La vida seguía y el tiempo no se había detenido por ella o por lo que sentía. Acarició su vientre plano y volvió a mirar a través del cristal con el deseo irrefrenable de que todo lo malo