Franco entró a la habitación hasta que Goran le avisó que las chicas se habían ido. Estuvo en la sala de recién nacidos, mirando a través del cristal el sinnúmero de razones por vivir que dormían o lloraban en sus cunas. Algo más fuerte que él lo llevó hasta allí, pero esa misma sensación mutó a una de desolación que se negaba a asumir.
Lo entendió cuando miró a Livia tiritar bajo la sábana impoluta y ella lo miró con los ojos anegados en lágrimas.
—Llévame al baño… —musitó y tuvo que hacer u