Saberla lejos era lo mejor, estaba seguro, pero el vacío en su pecho no se iba y las imágenes con su sonrisa, sus reacciones al enfadarse o sus lágrimas, seguían martillando su cabeza sin darle tregua. A veces escuchaba reír a alguna chica de la empresa de cierta manera y volteaba, esperanzado por verla a sus espaldas, regresando a su lado.
Estaba tan mal que hasta soñaba con ella y despertaba sudoroso con demasiada frecuencia, teniendo que recurrir a más masturbaciones que en toda su adolesce