Carlo se dirigió hasta la puerta y Giorgia corrió a la cocina para interceptar a Greta que servía un zumo de frutas para Vittoria.
— Dame eso, yo se lo llevaré a Vittoria — Giorgia tomó la charola de las manos de la mujer.
— Pero señorita, ese mi trabajo, además, no me molesta llevarle algo de comer a mi niña Vittoria.
— ¡Ya te he dicho que lo haré yo! — Le dijo cortante y perdiendo la clase.
El timbre seguía sonando de manera insistente, y Carlo se apresuró para abrir, sacó el pestillo y abrió