Sebastián se queda en total silencio, es como si las palabras se le quedarán atacadas, baja su mirada, y cierra los ojos, él suspira, se siente cansado, no puede olvidar ni perdonarse a él mismo por la muerte de sus padres.
Anastasia se acerca lentamente y luego posa su mano derecha en el hombro izquierdo de Sebastián, que al sentir su tacto, siente un fuego encenderse en su corazón.
—Anastasia... No me pidas más de lo que no puedo darte— se sincera él, pero su voz es muy apagada
—¡Inténtalo!