Michaela y Alya abordaron el automóvil que la primera manejaba, acababa de entregarle un sobre muy grueso al líder del grupo de hombres con quienes dejó a Evana.
Llegaron a un hotel, en lugar de registrarse se trasladaron directamente al restaurante del mismo, donde tomaron asiento y ordenaron bebidas.
–Todavía estoy temblando, esos hombres se veían horribles.
–Son unos verdaderos idiotas, ¿cómo se les ocurrió llevarte a ti también? Prácticamente arruinaron todo mi plan,