Michaela pudo al fin recuperarse y tomando una gran bocanada de aire que exhaló lentamente, entrecerró los ojos y le dijo a su hijo:
–Voy a dejar pasar tu exabrupto porque sigues bajo la influencia maligna de esa arribista mantenida, pero igual dejaré que hagas lo que consideres necesario para manejar tu situación actual.
–Pero suegra… –intentó protestar Alya, sin embargo, una sola mirada de Michaela bastó para que guardara silencio.
–Alya y yo nos iremos, te