Una vez recuperada de la impresión, la capitana dio unos cuantos pasos hasta una silla desde la cual podía verlos y atender a lo que quisieran explicarle.
–Buen día general y señor Remington.
–Buen día capitana, la convoqué porque necesito confiarle una misión muy delicada.
–A la orden, señor –expresó irguiéndose en la silla.
–Es algo que no podrá comunicarle a ningún miembro de su familia, ni siquiera a su padre, a ellos solo se les notificará qu