Raffaella intercambió miradas con su hija y a las dos no les quedó más remedio que reírse ante las palabras de Tiberius, quien, ciertamente, se había convertido en un hombre celoso y sobre protector no solamente con Beatrice, sino que Raffaella descubrió esa faceta en él desde las primeras horas de casado.
Sin embargo, lo toleró, lo aceptó y le encantaba lo posesivo que era el magnate de la seguridad con ella, que había conocido el fuego y la pasión en sus brazos, sensaciones que no habían desa