Dos meses después, una mañana de un domingo cualquiera, Ignacio entraba a la habitación, donde Evana se desperezaba recién despertando, con una bandeja entre las manos portando un delicioso desayuno.
–¿Qué significa esto? –preguntó ella sentándose y sonriendo al verlo.
–Desayuno en la cama para la mujer que llena mis días y mis noches.
–Ay que tierno, esto es un gesto muy romántico –dijo lanzándole un beso.
–No mi hermosa dama, nada de besos al ai