Cuando su madre lo miró con los ojos muy abiertos, George se paralizó un instante, pero enseguida reaccionó y corrió a esconderse detrás de las piernas de su padre; Adrián se llevó las manos a la frente negando; Tiberius los miraba a cada uno sin decir nada, pero con una sonrisa cómplice e Ignacio aguantó la respiración.
–No voy a hacer esperar a Michael, pero apenas termine, tú y yo vamos a hablar jovencito –dijo Evana señalando al gemelo menor que apenas asomaba un parte de su ros