–¿Qué está pasando aquí? –quiso saber Ignacio.
–Iré a hablar con él, ¿puedes encargarte de que los niños comiencen a comer?
–No lo presiones amor, tú misma dijiste que algo debe estar pasándole.
Evana asintió y encaminó sus pasos hacia las escaleras para ir al encuentro de su hermano, lo buscó en las habitaciones y nada, continuó hasta llegar a una salita interna que raramente utilizaban, allí estaba Tiberius sentado y con la cabeza apoyada entre sus manos.