La suerte no está girando a su favor, Violetta lo descubre dos días después, cuando vuelve a casa y encuentra a su padre conversando con Dante en el vestíbulo.
—Marcus —saluda rígida y medio preocupada por las extrañas circunstancias.
Es de esperarse que solo uno de los dos hombres voltee a verla, porque el otro se tensa y le da la espalda.
—Cariño, qué alegría verte.
Violetta tuerce los labios.
—¿Tendremos visita para la cena otra vez?
—Oh, no. Dante está de paso. —Su padre despide la idea co