—Mira nada más.
—¿Qué tenemos aquí?
—Mm, parece que una muñequita perdió el camino a casa.
—¿Necesitas que alguien te ayude a encontrarlo?
—Tranquila, muñequita, podemos ayudarte.
Violetta hurga en su bolso, mirando a los dos borrachos que se tambalean en su dirección.
—No se acerquen —sisea ella con los dientes apretados, y la mano apretada dentro del bolso.
Ellos se burlan de su advertencia.
—¿Y qué nos hará una muñequita como tú? ¿Golpearnos con sus tacones?
Sin dudarlo, ni pensarlo, Violett