La noche cayó como una suave manta. Envolvió el mundo en oscuridad. Los únicos sonidos eran el lejano zumbido de los grillos y el ocasional ulular de un búho. Pero la noche fuera del pub estaba viva. Las luces de neón parpadeaban. Proyectaban destellos de colores sobre el pavimento mojado. Rojo. Azul. Verde. Amarillo. Risas y música se derramaban en la calle. Mezclándose con el zumbido del tráfico lejano y el ocasional ulular de una bocina.
La puerta del coche se abrió con un clic. Un golpe sor