El silencio se apoderó de la habitación, como si algo se hubiera cortado.
Nadie se movió. Nadie respiraba con normalidad. La voz llegó a la habitación como una piedra que cae en agua tranquila: repentina, luego se extendió. Tardaron un segundo en comprender lo que habían oído, y para entonces ya lo había cambiado todo.
Casio lo sintió cuando su cuerpo se puso rígido durante unos minutos. La pistola en su mano no se soltó. Pero el cañón se desvió, apenas un grado, lo justo. Sus ojos se dirigiero