DOS DÍAS DESPUÉS
El sol salió lentamente. La luz se extendió por el suelo en largas franjas pálidas, relegando la oscuridad a los rincones. Afuera, la brisa se colaba suavemente entre las cortinas y las ventanas captaban el dorado matutino, reflejándolo en las paredes.
Lylah estaba acurrucada en el sofá, con un tazón de fruta en equilibrio sobre su regazo. Se llevó un trozo a la boca, lo masticó y miró al vacío. Al otro lado de la cocina, Emily tenía las manos metidas en la masa, amasándola en