Lylah pasó por delante del restaurante, dirigiéndose a la mesa mientras recogía su bolso, que colgaba del asa de cadena que le colgaba de los hombros. Se le entrecorta la respiración. Parpadeó con fuerza, apretando la mandíbula, negándose a dejar escapar una sola lágrima.
Salió corriendo del restaurante. Tropezó en la acera, los tacones de sus zapatos golpeaban el asfalto, cada paso vibrando en sus talones. Tenía la mirada fija en la pantalla del teléfono, intentando pedir un Uber rápidamente.