CAPÍTULO SESENTA Y TRES

Arabella salió de la habitación de Axel y cerró la puerta con suavidad tras de sí.

Adrian estaba apoyado en la barandilla del pasillo, esperando. Se enderezó en cuanto la vio aparecer.

—¿Se durmió?

Ella asintió.

—Sabes, vamos a tener que contratar a una niñera para cuando estés demasiado ocupada o exhausta.

Arabella no podía negarlo. Solo se engañaría a sí misma si pensara que podía manejar todo sola.

—Déjamelo a mí. Encontraré a alguien de confianza.

Adrian no discutió.

Silencio.

Ella se acerc
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