Adrian no podía apartar la mirada de ella.
Habían pasado años desde la última vez que la había mirado de verdad. No de pasada. No a través de un recuerdo. Sino así: de cerca.
El tiempo la había tocado con delicadeza. La chica que él recordaba seguía allí, en alguna parte de la curva de su rostro, pero todo lo demás se había asentado en algo más sereno, más fuerte y más seguro. A Adrian se le oprimió el pecho al sentir lo familiar que ella aún le resultaba.
—¡Agh! —gritó Axel de pronto.
Los dos