Arabella esperaba que Catherine estuviera en la sala, lista para empezar a quejarse.
Pero no estaba.
Qué extraño.
A la mañana siguiente, Arabella se deslizó muy temprano en la cocina.
—No preparen el desayuno de Axel —le dijo al personal—. Yo me encargo.
Preparó waffles desde cero. El aroma a vainilla y canela no tardó en esparcirse por toda la casa.
En la mesa del comedor, los empleados sirvieron los platos. Pan. Huevos.
Catherine frunció el ceño.
—¿Pan y huevos? —Miró hacia la cocina—. Huelo