La abuela abrazó a Mayte con ternura, como si quisiera envolverla en un manto de consuelo después de tanta tormenta.
A pesar del cansancio en su rostro, sus ojos brillaban de emoción ante la noticia inesperada.
—¡Oh, cariño! —exclamó con una voz quebrada por la sorpresa y la alegría—. Eso es una noticia maravillosa. Ven, siéntate, por favor. No quiero que te alteres. Debes descansar, que ese bebé crezca fuerte y sano, ¿me oyes? —La sostuvo del brazo, guiándola hacia una de las sillas del pasillo