Era una noche como ninguna otra.
Todos estaban presentes en la cena, un evento que había sido cuidadosamente planeado por la abuela, quien había ordenado el platillo favorito de su querido nieto, Martín.
La mesa estaba bien adornada con velas que danzaban suavemente al ritmo de la brisa, creando un ambiente cálido y acogedor.
El aroma de la comida llenaba el aire, un recordatorio de los momentos felices compartidos en familia.
Victoria, con una ternura, alimentaba a Martín con delicadeza.
—Queri