Cuando las chicas se enteraron de la noticia, el silencio fue tan pesado que incluso el aire pareció detenerse.
Fiona, con los ojos húmedos y las manos temblorosas, fue la primera en reaccionar.
—Tengo que hablar con Hernando —murmuró, su voz quebrada por la angustia.
Aurora, que se hallaba junto a ella, se interpuso de inmediato, sujetándola por los hombros con firmeza.
—¡No lo hagas! —le advirtió con una mirada de alarma—. Mi hermano es un tonto, Fiona. Si vas con él ahora, lo único que harás