Hernando caminaba rápido, con pasos decididos que resonaban en el suelo del estacionamiento.
Su mente estaba llena de pensamientos confusos y una mezcla de emociones que lo atormentaban.
Sin embargo, su rumbo se vio interrumpido de golpe cuando tropezó con ella.
—¡Tú! ¡Maldito exesposo! —exclamó Maryam, su voz cargada de furia y resentimiento. Lanzó un quejido, y Hernando pudo notar que estaba ebria, sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y tristeza.
La respiración de Hernando se aceleró al